Se va acercando el final del año, y como siempre, a mi me da por pensar y hacer balance de todo lo que ha llovido. Impagos, la nueva OPR, reducción de los costes sanitarios… No me queda claro si la idea es salvar al sector sanitario, o acabar con él. Lo que está claro es que la Oficina de Farmacia se ha convertido en el chivo expiatorio de la mala gestión de la economía de estos últimos años. Me pregunto, si continúan en su empeño de extinguirnos, quién les dispensará el paracetamol cuando les vengan más quebraderos de cabeza por no saber hacer su trabajo, y no habernos dejado hacer el nuestro.

No obstante, yo siempre intento ser positivo. Siempre se ha dicho que en épocas de crisis surgen nuevas oportunidades, y la única forma de encontrarlas es ponerse a buscarlas.

La reciente legislación, que permite al farmacéutico colegiarse donde prefiera, mejorando la competitividad entre colegios, junto con la posibilidad, si finalmente se aprueba, de ofrecer servicios remunerados en la Oficina de Farmacia, suponen un atisbo aire fresco que puede aliviar el ahogo que sufre en estos momentos la Farmacia. El éxito de estas dos posibilidades, dependerá en gran medida de la implicación del farmacéutico y de sus ganas de afrontar nuevos retos.

Yo por mi parte, creo que la Farmacia debe espabilarse y buscar su rentabilidad lejos del SNS, encontrando nuevas líneas de negocio que aseguren su viabilidad. En este aspecto, creo que la Industria Farmacéutica tiene mucho que decir, y aún más que aportar. Que aprendan a entenderse mutuamente y a buscar puntos rentables en común es imprescindible si ambas quieren asegurar su porvenir.

Dicho esto, creo que aún es pronto para saber cómo acabará el año. Oigo a algunos decir que acabará bien. Oigo a muchos decir que acabará mal. Pero lo que es seguro, es que acabar, acabará, y el que viene, de nosotros dependerá. 

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