Feb 27

Objetivos que sí se cumplen en la farmacia

Planificación estratégica en la oficina de farmacia: por qué tus objetivos suelen fallar

Hola, hace unos días enviamos un post relacionado con la necesidad de planificar el año en la farmacia: analizar, plantear objetivos, definir estrategias y establecer controles.

Muchos titulares comienzan el ejercicio con las mejores intenciones: vender más, organizar mejor al equipo, reducir el estrés o mejorar la rentabilidad. Sin embargo, el problema no suele ser la falta de ambición, sino la forma en que se plantean las metas.

 

El error común: Confundir deseos con objetivos

Demasiados objetivos, poco concretos o desconectados de la realidad diaria de la farmacia. Así, a las pocas semanas, los planes quedan aparcados, superados por la urgencia del mostrador y la presión del día a día.

En muchas farmacias el error no es la falta de ganas, sino la dispersión. Se quiere mejorar el stock, la motivación, la imagen de marca, los servicios y la comunicación… todo a la vez. Y cuando todo es prioritario, nada lo es realmente.

Un buen objetivo no debe motivarte solo en enero; debe ayudarte a tomar mejores decisiones en marzo, junio y noviembre.

 

El objetivo como filtro de gestión

Si una meta no influye en tus decisiones diarias —en qué compras, qué delegas o qué conversación mantienes con tu equipo— entonces no es un objetivo: es un deseo.

La gestión de farmacia actual necesita menos listas largas y más foco. Menos “quiero mejorar todo” y más “este año voy a transformar esto”.

Muchos propósitos fracasan porque dependen de factores externos. «Vender más» suena bien, pero no siempre está bajo tu control total. En cambio, las decisiones internas sí dependen de ti:

  • Mejorar el seguimiento del equipo en la recomendación.
  • Reducir el stock inmovilizado en un porcentaje concreto.
  • Implantar una reunión mensual estructurada.

Las 3 claves de los objetivos que sí se cumplen

Para que la estrategia de tu farmacia funcione, tus metas deben cumplir estas tres máximas:

  1. Son pocos: El exceso de metas diluye el esfuerzo y la energía del equipo.
  2. Son concretos: Si no se puede medir, no se puede gestionar ni corregir.
  3. Dependen del titular: Deben estar vinculados a decisiones que tú puedas ejecutar directamente.

Tu plan de acción para este año

Teniendo en cuenta estos puntos, te propongo tres pasos sencillos para recuperar el rumbo:

  • Elige solo uno o dos objetivos clave: No más. Priorizar es renunciar.
  • Escríbelos de forma clara: Si no puedes explicarlos en una frase sencilla, aún no están bien definidos.
  • Revisión mensual: Dedica cinco minutos al mes a analizar el progreso. Sin excusas.

 

Cuando los objetivos son claros, el día a día pesa menos. Las decisiones se vuelven más fáciles porque ya no decides según la presión del momento, sino según el rumbo que has elegido estratégicamente.

Para cerrar, una pregunta sencilla pero poderosa:

Si dentro de un año todo sigue exactamente igual que ahora, ¿estarías satisfecho?

Luis de la Fuente